La confesión es para el alma lo que la preparación de
la tierra es para el campo.
Antes que el campesino plante la semilla rebaja el
terreno, quita las piedras y desarraiga los tocones.
Sabe que la semilla crece mejor si la tierra está
preparada.
La confesión es el acto de invitar a Dios a caminar
por el terreno de nuestro corazón.
“Hay una piedra de codicia aquí, Padre, y no puedo
removerla”
¿Y ese árbol de culpa junto a la cerca? Sus
raíces son largas y profundas. ¿Puedo mostrarte la tierra seca,
demasiado dura para la semilla?”. La semilla de Dios crece mejor si el
terreno del corazón está limpio.